Calor
Cuando nos mudamos a este pueblo, nunca pensé que me afectara tanto la visión del mismo, aunque en un primer momento nada me paso en la mente. Y no sé si es mi apreciación ahora la que me hace emitir este juicio, o si la tuve desde ese tiempo y ahora la recuerdo.
El pueblo en general era una mezcla de estilos (si se puede decir), pues las principales calles (no tenía avenidas) mezclaban la arquitectura colonial, con los fríos ángulos de la construcción en concreto. Con algunos espacios vacíos de casas en ruinas y potreros yermos.
Pero así son todos los pueblos. Y por ello nos mudamos allí.
Nada raro pasa en los mismos, mas que el cuento común de la mujer infiel o el árabe recién llegado.
No era grande, y tampoco pequeño.
Pero sí hacia un gran calor.
Por momentos me duele la cabeza, el pensamiento. Siento reflejado un dolor agudo en las piernas. Y me duelen mucho las cicatrices.
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Cinco años habíamos vivido en el lugar, y nada había pasado.
Y luego empezó a pasar.
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No soy afecto a la oscuridad, y la noche siempre me traía ecos fríos y amenazantes.
Y después de todo, aprendí a querer la oscuridad.
Mi casa estaba conformada por un frente plano, el cual daba a la calle directamente, con listones rojos en la base y una puerta principal que tenia como particularidad, el estar a un segundo nivel por abajo de la calle. Los pisos también eran rojos, y estaban hechos de caico pulido. Una pequeña sala y un corredor (con un cuarto al lado) que desembocaba a una sala más grande con paredes de ladrillo, y cuatro cuartos al lado derecho, con un subsiguiente corredor desembocante en otra sala con la cocina al final.
En las tardes me sentaba en la acera y contemplaba toda la humanidad paseante, los carros y las bicicletas que deambulaban de aquí para allá.
El cielo en esa época estuvo más claro que nunca, y el calor reinante solo se aplacaba por las brisas que pasaban por el frente de la casa, pero sin enfriarla.
Amodorrado por el clima, jugueteaba con un pequeño palito, que movía de n lado al otro del piso, simulando el camino de una serpiente, o recreando formulas sin sentido y dibujos geométricos. Una sensación inquietante me invadía por espacios breves, sentía como había algo y no veía nada.
La inquietud me abordo al mirar las paredes de la casa.
Normalmente el paso de los vientos, carros y los incendios de la sabana, depositaban grandes caras de polvo en las rendijas del frente. Esta vez estaban limpias. Pensé en quien o que pudiera haber limpiado las paredes y solo acerté a pensar en mil posibilidades sin sentido.
¿Porque me inquieto? No lo sé. Soy descuidado por naturaleza y nada detallista. Pero la extrema limpieza de la pared me asusto.
Porque, estaba caliente, pero no con el calor del sol reflejado, sino con el calor del lamido de algo incandescente. Acerque más la visión y note las soldaduras que se habían formado en esmalte de los ladrillos del frente. Algo había lamido la superficie, algo estaba allí, porque el fenómeno no se acababa. Y mi inquietud seguía creciendo.
Es algo común que la basura flote por la calle y el polvo volador busque cobijo en cuanto lugar se imaginen.
Pero hoy no había basura moviéndose, ni polvo.
Me acobarde y entre en la casa para dormir un rato, total, el hogar siempre es el cobijo, así pensé yo.
Y me asuste al entrar en mi cuarto, pues el piso rojo, aun cuando estaba brillante, se notaba más oscuro, y caliente, pues este calor penetraba las suelas de mis zapatos y hacia que el sudor de mis dedos los hiciera sentirse pegajosos y astringentes. Aunque no tanto para alertar a nadie.
El calor y la luz siempre cobijan al miedoso. Era una regla general, una verdad más allá de todo. Hasta ese día.
Me acerque a mi cama, y al recostarme sentí quemarse mi piel, aunque la ropa intacta debía protegerme, lo cual no pasaba. Como cualquiera en mi situación revise la piel de mis manos, estaba enrojecida y empezaba a hincharse.
Corrí a la nevera y saque hielo para colocarlo en mi piel, pero no parecía ayudar, porque se derretía rápidamente al contacto, y las gotas escurrían sin llegar a mojar.
En este momento tenia principios de pánico, pues mi mente me decía que me calmara pero mis sentidos reportaban dolor, calor, calor, calor.
Salí al corredor para verificar el termómetro, pero estaba borroso, aunque intacto.
Y luego sentí la presencia.
Me pegue en las piernas al tratar de correr. Una mesa de vidrio estaba en mi camino y me angustio mas, porque estaba opaca, opaca y lisa, sin quemaduras, solo opaca.
Tengo que respirar para poder hacer algo, pensaba en ese momento, pero un desagradable olor a caucho quemado penetro en mis narices.
Y no veía nada incandescente.
De repente, note la opacidad moviéndose, de aquí para allá, por la superficie de las cosas, por los suelos y por las paredes, reptando.
Sabía que debía salir, pero allí estaba el corredor, y me abalance para pasarlo. Me di cuenta que era ahora un embudo, pues de lado y lado la opacidad estaba pegada o flotando, no sé.
Me trate de escurrir, y sentí los pelos de mis brazos humear, aunque no creo que nada tratara de sujetarme, las paredes parecían haberse expandido, paredes calientes, hirvientes.
Creen que podía respirar?, No lo podía hacer, sentía un vacío de aire, un vacío del vacío.
Y caí.
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El tiempo ha pasado desde que el calor nos transformo, ¿quien inicio la reacción? No se sabe.
Todos vivimos en esta dimensión expectante, vemos lo que fue nuestro pueblo, tiempo y realidad.
Algunos creen que fue una explosión atómica cercana, no tuve tiempo de saberlo.
Pero percibimos el calor al otro lado y vemos la laxitud del aire en el otro lado.
Aquí solo hace frío, y no sabemos porque no nos congelamos.
Pero lo odiamos.
17-01-03
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